A deadpan slice of Uruguayan life is served up in this sly morality tale. Based in part on a real visit by the Pope to the small town of Melo in the late 1980s, it describes a city swept up in big dreams and get-rich-quick schemes. Loans are taken and land is sold to buy chorizo and burger buns to flog to the expected crowds. Beto (César Troncoso), who makes a living smuggling household goods in from Brazil, takes the expected gluttony to its logical conclusion: he will build a lavatory outside his house for paying customers.

Life is shown on the knife-edge of poverty, up close and with documentary grit. Beto's livelihood depends both on his battered bike and knackered knee. Little wonder, then, that he resorts to dubious means to scrape together the money to build his fancy toilet. The bleakness is redeemed by flashes of cinematic verve (co-director César Charlone was cinematographer on City of God). Early on, a group of smugglers cycling through fields are chased by a customs patrol van. Tracked by the camera from on high, they look like gazelles being stalked across the Serengeti.

Co-director Enrique Fernández was himself a boy in Melo at the time of the Pope's arrival, and there is more than a hint of recrimination at play. The tension is ratcheted up, and by the end it is unbearable to watch as the pastries and sausages amass in queasy mountains and the folorn wait for worshippers to show up begins. The quirky, downbeat mood is skilfully balanced with warm performances from a mix of professional and first-time actors.

El Baño del Papa

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Año 1988. Melo, Uruguay, una pequeña ciudad ubicada en la frontera con Brasil, espera la visita del papa Juan Pablo II. Se empieza a hablar de cifras: llegarán miles de personas. Algunas fuentes bien informadas hablan de 50.000 visitantes...


Los habitantes, pobres en su mayoría, saben lo que significa: 50.000 peregrinos querrán comer, beber, querrán comprar banderas de papel, recuerdos, medallas conmemorativas. Llenos de entusiasmo, más que la bendición divina, esperan conseguir una pequeña parte de felicidad material. Beto, un contrabandista de poca monta, está convencido de haber dado con el mejor negocio de todos: “el baño del Papa”, donde miles de peregrinos podrán aliviarse. Que los otros se encarguen de freír montañas de chorizos y hornear bollos, él se hará rico con los residuos humanos. Pero antes de poder construir el retrete, Beto se mete en un lío. Llega casi a agotar la paciencia de su estoica y siempre optimista esposa

Carmen y decepciona a Silvia, su hija adolescente, que sueña con trabajar en los medios de comunicación. Debe incrementar sus arriesgados y duros viajes al otro lado de la frontera. Deja de lado su gran sueño: comprarse un ciclomotor. Incluso pierde su bien más querido, su bicicleta, con tal de hacerse con la clave de su templo de residuos y riqueza: la taza del váter. Pero está decidido a llegar a tiempo para el acontecimiento divino.